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¡UN HÍGADO NUEVO PARA BERTHA!

Bertha Méndez, con gran malestar y dolor yacía sin fuerzas en su hogar, su vientre inflamado sin explicación alguna y una sensación de que su vida se le iba de las manos, no le quedaba ya otra opción más que ir en busca de una opinión médica. A pesar de lo que estaba viviendo tenía fe en un Dios todopoderoso, en ese momento las palabras “sea que viva o que muera, sea Dios glorificado” no dejaban de sonar en su cabeza. Nunca quizás nadie le preparó para lo que se avecinaba.

Luego de varias pruebas y estudios médicos, el doctor al fin encontró una explicación, “Señora Bertha, lamento informarle que usted tiene cirrosis hepática, su hígado muy pronto va a colapsar, póngase en cuarentena total para evitar contaminarse, como mucho estimo que a usted le quedan 6 meses de vida”.

Mama Bertha como cariñosamente era llamada en la congregación, aferrándose con todas sus fuerzas a todo lo que había conocido de Dios, avisó a su congregación sobre su condición, lejos de detenerse y prepararse ante los pocos meses de vida que le quedaban decidió ir por un camino diferente, por el de la fe y lo sobrenatural; Ella clamó y creyó a Dios hasta ver el milagro manifestado sobre su vida.

Pasado un corto tiempo, mama Bertha se encontraba disfrutando de un servicio especial en la congregación. Y repentinamente escuchó que le llamaban hacia delante y una vez ahí, el predicador usado por Dios deja salir de sus labios estas palabras “dice el Señor que le da un hígado nuevo” y como si esto no fuera poco de forma instantánea su vientre empezó a bajar y sus fuerzas a ser recobradas de inmediato. Este día fue histórico aun lo recuerda como si fuese ayer. Sin embargo en ese momento quedaba un paso más, confirmar lo que había sucedido. En manos de su especialista decide hacerse todos los estudios de lugar nuevamente y cual fuera la sorpresa del médico quien atónito ante lo que tenía de frente no le quedo más que declarar “Usted tiene un hígado nuevo, no sé cómo sucedió pero lo tiene”.

Hoy en día Mama Bertha es conocida por todos, por su inigualable sazón, no hay encuentros o actividades que pasen y donde esta abuelita de las nuevas generaciones pueda servir que no lo haga, cada vez con más amor y agradecimiento a Dios, por sus bondades y misericordias, demostrando así que para servir a Dios no es necesario pararse en grandes púlpitos, basta sembrar tus talentos para su gloria. “Por sus llagas fuimos nosotros sanados”. Isaías 53, Vers. 5. Testimonios de Vida Testimonios

Por: Lic. Mireya Garcia

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